Bruno Cortona se encuentra en una Roma desierta en busca de un teléfono y cigarrillos cuando se encuentra con Roberto Mariani, un estudiante que, podría decirse, es su antítesis. Juntos se embarcan en un viaje en el que aprenden cada vez más de las diferencias del otro, pero cuando por fin se están entendiendo ocurre lo inimaginable.

Bruno Cortona y Roberto Mariani son tan diferentes como el agua y el aceite: Bruno es un hombre cuarentón espontáneo, locuaz, sin remordimientos ni preocupaciones; Roberto por su parte es un estudiante tímido, aplicado, bastante cauto y con la pena de no poder expresar lo que piensa. Ellos jamás imaginaron que pudiesen entablar una relación con una persona con las características del otro, pero no contaban con los caprichos del destino.

El ferragosto conspiró para que Bruno, recorriendo una Roma baldía en busca de cigarrillos y un teléfono, llegase a la casa de Roberto, quien a pesar de su recelo hacia el nuevo sujeto que acaba de conocer, se deja deslumbrar por la envolvente personalidad que lo caracteriza y decide acompañarlo en su viaje.

A medida que pasan tiempo juntos, Bruno encuentra en su nuevo compañero a un chiquillo que en su mente es capaz de todo pero a la hora de actuar se acobarda rápidamente, con la excusa de actuar bajo el filtro de lo políticamente correcto; un joven que vive con la frustración de no poder vivir bajo sus propias reglas sometido a las expectativas de su familia. Roberto por su parte, no deja de asombrarse con la compañía de un hombre que no tiene el filtro al hablar y vive los placeres de la vida sin inhibiciones, cuyo amor más grande es el que siente por su auto y la música, aún cuando su único remordimiento (aunque lo oculte muy en el fondo) es haberse perdido la oportunidad de formar una familia.

Este par de desconocidos en cuestión de horas saben más del otro de lo que alguna vez se hubiesen imaginado, han explorado los más profundos recuerdos, sentimientos y deseos de cada uno, encontrando en ellos diferencias abismales, pero al mismo tiempo esas diferencias los llevan a cuestionarse sobre las decisiones que han tomado hasta ahora.  

No obstante, cuando Roberto finalmente deja a un lado las incomodidades y decide ceder ante el estilo de vida de Bruno, cuando por fin  reconoce que ha vivido los dos mejores días de su vida y que no quiere vivir a expensas de los demás, sino que quiere establecer sus propios límites, ocurre lo inesperado. ¿Hasta dónde llegará su deseo de vivir sin cohibirse de nada?

Un excelente clásico que aún en nuestra época, no deja de hacernos reír, amar, llorar y reflexionar sobre la vida, esta comedia no solo es entretenida sino que conserva un mensaje  a través de los años sin perder su validez. ¡Il Sorpasso es un tesoro del cine italiano que no te puedes perder!